Tarde o Temprano… Me perderé en cadenas….

15 08 2009

…una vez en la vida debo encontrar dentro de mí… una noche de agosto… mi alma perdida… que arrojé al mar…

(Agosto, Héroes del Silencio)





Cansado y hambriento

19 07 2009

Ahí me espera, en un rotundo sonar que dilata mis venas. Entre la vastedad de la decidía y el sosegante susurro de la indiferencia. Tres almas partieron para no más volver. ¿Y qué ha de ser de mí? ¡Desdoblarme entre arrepentimientos y desesperantes gritos de ayuda! Levantar la copa a su salud e intentar seguir adelante con la frente en alto. Se hizo lo que se pudo o se pudo lo que se hizo. Mi capacidades valieron un comino por un instante, mi experiencia inútil. La justificación del aprendizaje adquirido. “Experiencia”; ese acontecimiento del que se vive y del cual se ha de aprender algo, difícil tragarla, difícil dejarla como única justificación. Quedan las palabras del mortal que justifica la derrota, Dios sabe lo que hace. No puedo dejar de preguntarme ¿Qué es? Nadie lo sabe, nadie lo sabrá, al menos no por ahora. Y es en este momento donde mi mente no sabe que hacer, que racionalizar. Mi alma, corazón o conciencia no deja de arder, de sonar, esperando lentamente hasta ver cual será mi reacción. ¡Y será cualquiera menos la indiferencia!, lo prefiero así. Todo menos convertirme en parte de esa máquina burocrática. Y así anidado de esperanza escribo estas palabras, más que buscando explicación, el desahogo. Sabiendo que Dios existe, queriéndolo, sin problemas o resentimientos simplemente preguntándome, cuestionándome, siendo nada más que otro ser humano. Buscando explicaciones que muchas veces no se encuentran. Disfrutando de la contemplación de mis enigmáticos pensamientos e indescifrables sentimientos, que son del mismo pero no son igual. Y es así como termina otro turno, otro día encerrado en este hospital. A veces cansado y hambriento pero encantado de saber a donde voy. Y a esos angelitos que partieron ¡lo siento! El mundo a veces es cruel, sus padres los aman y este médico los recuerda. Sé que ahora me ven desde el cielo.





Noticias: NON GRATAS

12 04 2009

Tiempo atrás las responsabilidades y el cansancio eran otros; estudiar, aprenderse unos cuantos casos, llevar pacientes a estudios, muestras, consultas, hacer curaciones, trámites y más trámites. Ahora la situación ha cambiado rotundamente, aprendimos finalmente a delegar, saber que hay ciertas cosas que podemos dejar en manos del “estudiante”; ahora entran en juego ciertas cargas para las que antes simplemente fingíamos demencia.

Entraron al servicio dos pacientes, ambos con historia de fiebre, ambos con adenopatías generalizadas (ganglios inflamados en todo el cuerpo). Uno más pequeño que el otro. El primero tenía un alto grado de probabilidad que fuera Leucemia, era de nacionalidad hondureña y vivía solamente con su madre; una vez dentro del servicio decidí que lo más sabio era preparar a la madre a las posibilidades para que el diagnostico final no la tomara por sorpresa. Al escucharme pinto en sus ojos una tristeza imposible de describir. La enfermedad fue confirmada, pero cuando me senté a explicarle la mamá no tuvo mayor reacción; no puedo juzgarla, probablemente tuvo tiempo para asimilarlo, cada persona toma las noticias de distinta forma y tiene derecho hacerlo. Mi corazón en ese momento se salto un latido.

El segundo caso fue un poco más tortuoso. No existía seguridad de cual iba ser el diagnostico final, la sintomatología era un poco más inespecífica; al igual que el examen físico y exámenes complementarios. Expliqué todo esto a los padres pero nunca hable en términos certeros, les dije que cuando llegara el momento me sentaría a explicarles pero que no lo podría hacer hasta que supiera exactamente que tenía su hijo. Cuando el diagnostico finalmente llegó fue devastador para mí, era una forma rara de Leucemia. Llame a la madre e inicie a explicar la fisiopatología de la enfermedad sin utilizar términos médicos, finalmente llegue al momento en el que no me quedaba más que llegar a la conclusión, “Lo lamento mucho señora, pero su hijo tiene Leucemia” me vio estupefacta, pidió más explicaciones, “¿es una forma de cáncer?” “¿se va morir mi bebe doctor?”, etc. fui directo y deje las cosas lo más claro posible entregándole la mayor esperanza que pude. La señora literalmente colapso frente a mí, su voz entre quebrada, sus mejillas con un lagrimeo constante, la verdad le tomó por sorpresa. Mi corazón se paralizó completamente. Una hora después llego el padre, quien desde el ingreso al servicio se había mostrado colaborador y seguro de sí mismo, mantuvo firme la responsabilidad de ser el que mantiene a flote  la familiar. Ellos son de Izabal, así que al padre solo lo vi de forma intermitente en los días anteriores. Jamás olvidaré su rostro, dejó a un lado todas las mascaras y mostró su verdadero yo, cargado de miedo. Me agradeció por todo, me pregunto cuál sería el siguiente paso, le di tiempo para asimilarlo todo y llorar, el acto más humano de todos, el llanto. Finalmente me agradeció e intenté nuevamente alentar sin dar falsas esperanzas.

Es en estos momentos en los que me aferro firmemente a Dios cuando doy mis explicaciones, lo médicos usamos mucho las estadísticas, sabemos perfectamente que de “X” pacientes “Y” sobreviven, que “Z” examen me da “XY” posibilidad de que sea esa enfermedad o “YX” de que no lo sea, etc. No soy una persona religiosa, pero creo firmemente de que existe algo que es más poderoso que yo. Lamentablemente en el camino de la vida encontré que la religión es más un compromiso para las personas que una verdadera filosofía; los actos siempre deben valer más que las palabras. Como médicos nosotros podemos intervenir todo lo que nuestra sabiduría y los recursos nos lo permita, algunos inclusive dicen que bajo la iluminación de Dios; pero el que tiene la última palabra es Él. Es así como les suplico a los padres que no pierdan la fe… es así como les entrego las noticias non gratas que son parte de mi labor como residente.





Ansias de apartarse

22 10 2008

Corría hacia veredas destinadas a una servidumbre que no deseaba, intentando no ser mutilado por su falta de misericordia. Fue así como se entregó al caletre que sintió menos perecedero. Malogrando intentos, se asedió dentro de sí, infestándose de espumarajos que no eran más que el producto de su odio hacia lo cotidiano. Evanescentes sentimientos practicaron dentro de él modificaciones que no formaron parte del designio original, otros más duraderos causaban revoluciones mal interpretadas en su exterior o que pasaron desapercibidas. Un estruendoso temor recorría cada una de sus células cual patética alimaña que ve ante si a su único sayón. Acariciaba lentamente el yugo de la rutina cuando repentinamente se percató de lo profundo de aquella cárcava a la que tanto le temió. Los cobistas intentaban mantenerlo compenetrado en algo que nunca profesó como real. Distintos cuervos anidaban constantemente en su fuero interno a merced del reconcomio que ahora yacía frustrado. Una aversión irracional pareciera haberse apoderado de sí mismo. Un deseo de huir, de dejarlo todo sin dar explicaciones. Ponderaba quimeras buscando esas fracciones de serenidad que sentía nunca adquirir. Finalmente se apartó de estas oscuras trochas de argamasa que tan cruelmente tomamos como parte de nuestro entorno. Cerró los ojos y sintió la briza de aquel mineral que durante su juventud había venerado. El gigante de cristal escuchó sus lamentos sin responder mientras numerosas aves reposaban sobre sus arrugas.  Los silenciosos vocablos llenos de sabiduría recalibraron las entrañas del viajero mientras los monumentales promontorios se reían ante tanta lamentación infructífera. Un haz de fortaleza lo escolto en su regreso. Retomó el cabestro de veredas destinadas a la servidumbre que solo él imaginaba. Triunfó pero se escabulló intermitentemente hacia aquel ilustrado que relegamos agasajar. Conservó para sí al medianero que le entregó la sabiduría del mortal que sabe lo que lo hará feliz.

- FIN -





Senectud Mental

23 05 2008

Él se levanto sabiendo que las cosas cambiarían de forma dramática de aquí en adelante pues algo no estaba bien. El aire que respiraba no era el mismo y sus pensamientos se le hacían a hormigas recién revoloteadas que corren asustadas hacia la nada.

En este momento mi vida semeja a toda una gama de alegorías que jamás creí capaz de soportar, siento la necesidad de abandonar la empatía hacia todo lo que me rodea. Debería restregar mis manos en la mierda y finalmente sentirme corrompido. Impregnar la piel con manchas de sangre y no mi alma ya asqueada por tanto pudor hipócrita.

Una luz iluminó la habitación llena de periódicos viejos, ropa usada y cucarachas dormidas. – Venga conmigo y déjese de niñerías, por una vez en su vida sea hombre – dijo ella al ver la imagen de gallina recién degollada esperando a ser desplumada por los crueles brazos del destino.

Ahora camino inerte, soy lo que siempre he sido. Un fantasma. Una llamarada inútil en medio de una tarde calurosa. Ignorado por los ojos mismos de la eternidad. Mi nariz siente un hedor viejo, un elixir emana de mi esencia desquebrajada elevándose lentamente, con miedo, sigilosamente amordazada.  Su cara sonriente intenta animarme sin utilizar las palabras adecuadas, las líneas en su rostro denotan la intriga, el asco, el poco entendimiento y el sentimiento de permanecer estancado junto a mí… un vacuo ser deprimente.

Estaba ese día el cielo pintado con tiza de lápiz sombreando complejas figuras deformes a las que se sentía fuertemente fascinado. Las calles le parecían viejas fotografías blanco y negro. El silencio interminable era el recordatorio de algo que ya no estaba. Estancados entre el tráfico mañanero de la ciudad iniciaron la conversación que suponían iban a tener en un café.

- Me gustaría decir que la amo pero no quiero a nadie en este mundo. Desearía poder diluir mis dudas dentro de las pinturas de la seguridad dibujando el cuadro que todos esperan de mí. Aferrarme a la idea de la inmortalidad del amor mientras observo asesinada la libertad – dijo drásticamente mientras sus ojos se escabullían hacia los charcos que se formaban lentamente en la calle y dentro de él, evitando verla directamente a los ojos.

- A usted nadie le dijo que se metiera a esto. La ineptitud de sus actos ante esta encrucijada es más que consiente. Es su deseo de vivir en miseria. Una cosa de simple lógica la exprime hasta que pierde sentido, se siente por encima de todos pero sus decisiones no son de gente sensata. La mejor opción hubiera sido rendirse, hacerse a un lado y permitir que la cosa cayera. Ahora tiene una espina que se infiltra en sus venas implorando ser atendida. Una semilla que lentamente se ha incursionado en su subconsciente hasta formar parte de su cotidianidad. Es el hipócrita que siempre ha querido ser. Su puta negación le impide ver la verdad. Está empeñado en cerrar el círculo masoquista que le persigue desde infancia. Dejase de estupideces y tome conciencia del imbécil que se ha convertido.

Esta forma insensata de demostrarme a mi mismo que soy capaz de no hacer nada y hacerlo todo cuando me lo propongo. El ancla prefiere batirse ante la magnitud de mi propia insinceridad. Me siento, me levanto, orino, cago y cojo. Todo para luego acostarme y avalar por los ecos distorsionados que se escuchan al final de este valle mental. Determino las distancias y resuelvo algoritmos concebidos por el miedo ha de quedar desguarnecido. Lo acepto, me da igual vivir solitariamente o arrejuntado a un bulto de células. Escupirle mi sarcasmo y mi ironía todos los días. Vivir bajo el credo del “peor es nada”. Que laboriosa es la incoherencia del ser humano.

Los cueros se hicieron más gruesos con cada palabra que quedó eternamente olvidada en los agujeros de su particularidad. Allí estaban los dos igualmente perdidos pero bajo distintos misterios. Sombras, melancolías y tiranía del pasado. Ella durmió sabiendo que él había muerto esa misma tarde. Sus pensamientos se le hacían a huellas congeladas para siempre. Nada que hacer ni sentir, solo un nuevo vicio que ha iniciado.

Estoy aquí distorsionando esas imágenes en una caja de arena. Moldeando el porvenir ajeno a costa del equilibrio asimétrico que antaño tanto añoré. El muñeco de cuerda se estrella una y otra vez contra la pared. Perfil inalcanzable con ataduras fantasiosas aprensibles. Gemidos nocturnos que se pierden en el acontecimiento lento de mi senectud humana. Pobre diablo que ha caído bajo el hechizo de los cimientos del cuerpo. Asediado, inmiscuido, arraigado por sí mismo, dentro de sí y solo porque sí. Parábola intelectual que siempre me ha de atormentar.

*El credo fue desechado junto a los recintos forjados por la amistad. El alma no velará más lo que antes gozaba observar oculta en la penumbra. Confesiones, días lluviosos, vínculos ancestrales, recuerdos y la sensación de formar parte de algo. Un sabor acerbo ha quedado en la embocadura, una exposición de lo que un día fue y nunca regresó. El miedo forjó un nudo que solo logró ser desatado cuando era demasiado tarde. Estúpido orgullo, estúpida amistad.  Lindaran con la vista pero nunca manipularan la verdad. La melancolía será su verdugo.