El acechador recuerdo de una sonata olvidada me contempla. Ahí, saturando cada uno de los receptores, ligándome a lo que creí que ya no era mío. Me susurra, decide cristalizarme en el tiempo y tomarme suavemente en sus brazos. Una convulsión de remembranzas lucha por regresar a la senda antes favorecida. Pero no, está aquí para finalmente quedarse, jugar con mi paranoia o formar parte de ella. No sé quien soy pero probablemente nunca lo he sabido. Realidad mundana, imposible de objetar más no de transformar. Las posibilidades, como siempre, infinitas. Esta alusión fantasmal converge solamente en rostros que parecen no tener nombre. Ahora comprendo. ¿Cómo lo logre sin ella?… eso… ¡Nunca lo sabré!