Desidia mundana

20 07 2008

Este fin de semana trató sobre las preguntas importantes que nos entrega la vida: ¿debo bañarme?, ¿pasar todo el día en pijama?, ¿peinarme?, ¿dormir?, ¿leer?, ¿escribir?, ¿escuchar música?, ¿vagar en Internet?, ¿ver televisión?, ¿salir de la casa?… en fin… todo aquello a lo que nos entregamos en nuestras mundanas vidas. ¿Por qué? Finalmente llegó mi fin de semana libre, aquel que ocurre solo una vez al mes, mi pequeño “bien merecido” descanso. Asqueado del libertinaje patrocinado por tantos sucesivos festejos de graduación y ante el rechazo de mis mejores amistades (que confabularon en tener compromisos previos) me vi ante la tentativa del encierro y decidí abrazarla con orgullo. Fue entonces cuando me convertí en victima del ocio, aquel Dios al que llegué tanto a adorar en mi infancia (en semana santa y en vacaciones de medio o finales de año). Arrastrado por ese recuerdo me percaté que existía en mí la inquietud de no hacer nada, investirme con los brazos de la introspección y dejar mi inteligencia lindar hacia un camino que pareciese inútil. La contemplación del subconsciente lo hubiera llamado tiempo atrás. Sé que no se convertirá en un vicio pero ocasionalmente es bello cerrar las puertas y observar al niño (muchas veces asustado otras reprimido) que se sujeta a ese grupo de neuronas que rara vez desencadenan potenciales de acción. Recordar por ejemplo a los dos árboles de clavel o al monstruoso rosal amarillo de mi viejo jardín, a mi fallecida perra Pituca, al cuarto lleno de juguetes olvidados con polvo, a jugar barrilete en la terraza… en general todo aquello resguardado en las intactas paredes de la casa en donde solía vivir. También me sentí por momentos solo… incapaz de desenredar los enmarañados sentimientos que muchas veces me persiguen… huraño… impaciente de terminar un pensamiento que ni si quiera ha comenzado… el ser imperfecto que todos somos pero que pocas veces llegamos a admitir. Pareciera entonces que mi tiempo hubiera sido desperdiciado pues mañana cuando mis compañeras de trabajo me pregunten <¿Qué hiciste el fin de semana?> me mirarán extrañadas cuando responda simplemente <Pues la verdad… Nada> No fiestas, no restaurantes, no cine, no televisión… es más… ni siquiera una pagina leída… pero… que hermosa fue esa nada… si la pregunta fuera <¿Cómo te fue en tu fin de semana?> seguro que la respuesta será <Rebién> Resultado de todo el caos mental en esta dominical tarde lluviosa escribo estas palabras absurdas, verdugas, simpáticas, con talante de no sé que, insaturadas tanto de verdad como de mentira, acreditadas ha aquello que no tuvo nombre pero que vive inminentemente dentro de todos, asediadas de todas las blancas navidades prometidas por los medios que fueron sustituidas por días lluviosos que como hoy se esconden detrás de una realidad que puede ser o no aceptada. Desidia involuntaria que refleja los momentos que existen solo porque desean ser, absortos de nuestra voluntad humana que disfruta en verlos morir.





Un desahogo catártico

15 07 2008

Existe en nuestra Guatemala cierto tipo de paciente que no me enoja sino que (lo siento por la chapinada) me emputa (me ofusca enormemente). Son aquellas viejas caqueras (engreidas) que olvidaron lo que significa la palabra humildad, que dejan la educación en la puerta y piensan que los buenos modales solo son utilizados en ciertas personas. Se les habla con la mayor paciencia y franqueza obteniendo como único resultado el estrellarse con la pared de la necedad y la altanería. Es la clase de persona que nunca está satisfecha y siempre tiene una queja, reclamo o “sugerencia”. Sé que veré a este tipo de… ya no lo llamemos paciente sino persona… en mi práctica privada cuando finalmente termine mi posgrado, pero de alguna forma me pongo menos irascible cuando pienso que sus insistentes preguntas y terquedad nacen de la preocupación de su niño, aunque por ahí me he de topar con el engendro de estas arpías que de niño dulce nada tienen. Pero así es la vida, de todo nos podemos encontrar en nuestro recorrido por el mundo. Ahora solo me queda respirar profundo y mantener la actitud positiva en pro de mis pacientes (aunque hoy me haya hecho perder la serenidad uno)





Lo dicho por este ahora médico

4 07 2008

Parece que fue ayer cuando la idea de convertirnos en médicos se forjo en nuestras cabezas. El recorrido no fue fácil pero luego de desvelos y sacrificios hemos llegado a este momento cumbre. Veo aquí sentados no a mis compañeros de graduación sino a los mejores amigos que la vida me pudo ofrecer y me siento honrado de poder haber compartido con ellos todos estos años. Lamento la ausencia de aquellas amistades que por distintas razones no se encuentran aquí presentes. Las enseñas que fueron adquiridas en esta magna universidad jamás serán olvidadas y he de portar con orgullo la responsabilidad que el día de hoy me ha sido entregada. Quisiera finalizar agradeciéndole a la vida y a mis papás que son los responsables de que me encuentre cerrando este capítulo de mi vida. Sin más que agregar muchísimas gracias.





Sucesión de interrogantes

1 07 2008

“…¿tiene sentido esta vida? Trabajamos para comer y comemos para trabajar. “Minga*” de alegría, “Minga*” de fiesta, y todos los días lo mismo…”

El Juguete Rabioso. Roberto Artl

Un poco melodramático para alguien que esta a punto de convertirse en Médico y Cirujano eso lo sé ¿Pero? No es esa la pregunta que me ha de perseguir durante el resto de mi existencia pues es la que me he hecho desde que tengo uso de razón. Los años, días, horas, minutos y segundos han de pasar y las líneas del tiempo se palparan cada vez más en cada uno de mis pensamientos, ahora no tan caóticos pero siempre buscando esa verdad que a veces diviso tan lejana. A lo lejos me veo como el doctor que no se permitió a sí mismo caer en las cuerdas de la rutina, convencido que el trabajo es más que una fuente de supervivencia. Añoro que mi profesión se convierta en uno de los tantos deleites que conformaran las bases de mi estructura interna, pero eso solo el tiempo lo dirá. Ahora espero poder finalmente dejar de ser presa de ese “y todos los días lo mismo” en que se llegó a convertir el proceso de mi graduación, desde horas de desvelo corrigiendo errores nacidos de la necedad de nuestros supervisores hasta las pequeñas peleas grupales en momentos de estrés. La vida me ha permitido finalizar el comienzo de un largo recorrido pero ¿Para qué? ¿Con qué fin? ¿Acaso? ¿Tiene sentido esta vida?… la incógnita que disfruto tanto hallándole respuestas… tantas han sido descubiertas y tantas quedan por descubrir.

*minga: Reunión.