Existen tres tipos básicos de incertidumbre en la medicina. La primera resulta del incompleto o imperfecto dominio del conocimiento propio. La segunda depende de las limitaciones de los conocimientos médicos actuales. Por último la tercera fuente deriva de las dos primeras: es la dificultad en distinguir entre la ignorancia personal o ineptitud y las limitaciones de los conocimientos médicos actuales.
Renée Fox
Extraído de: “How Doctors Think” libro escrito por Jerome Groopman, M.D.
Existe un sentimiento que puede llevarnos a realmente desacreditar el trabajo que hacemos como médicos. Es la sensación de incertidumbre ante una situación que no conocemos. Ya sea cuando nos encontramos con una persona cuyas dolencias son difíciles de descifrar o cuando llegamos a un diagnostico que no puede ser tratado por no existir cura. Cuando iniciamos nuestras prácticas hospitalarias (al menos en mi país) la forma en que lidiemos con estos sentimientos puede dejar una marca profunda que influirá enormemente en la clase de doctores nos llegaremos a convertir. Es por ello que cuando se empiezan las prácticas se debe de saber a quién se le ha de admirar y a quien se le ha de tomar como mediocre. Yo siempre estaré agradecido con las amistades que encontré en el camino que me permitieron hallar la lucidez (sin que ellos mismo se percataran) en momentos en los que me sentí perdido.
Ante la frustración se le puede echar la culpa al sistema de salud y de esta forma evitamos intentar resolver el problema, ya sea porque existe un exceso en la carga de trabajo (tanto por la cantidad de pacientes como por la asignación de funciones), falta de recursos en la institución en donde trabajamos (que no tiene los estudios o medicamentos necesarios para diagnosticar y tratar o el trámite para alcanzarlos es exageradamente burocrático), paciente con poco poder adquisitivo (que no puede comprar la medicina que recetamos) o bajo nivel educativo (que no entiende la gravedad de su situación). Pero a pesar de todo ello nunca se debe de olvidar que lo importante de nuestra labor no es juzgar o frustrarnos ante las limitaciones de nuestro país, nuestra labor es hacer el mayor esfuerzo (que esté en nuestras manos) para tratar a nuestros pacientes.
No lo niego, yo caí más de una vez en la trampa. Los desvelos, presiones, enojos o limitaciones me hicieron no solo tratar de forma inadecuada a mis pacientes sino que también a las personas que estaban a mi cargo. Porque créanme que es difícil mantener la perspectiva del por qué es que se está ahí a las tres de la mañana con estudiantes a tu cargo que son desobedientes, mentiroso y haraganes, superiores ineptos que lo único que saben hacer es tomar malas decisiones, borrachos insultándote, falta de medicamentos y trabajando con enfermeras que solo están ahí por necesidad y no por el gusto a su trabajo. En retrospectiva sé que no es escusa, en momentos en los que lo único que se vislumbra es oscuridad uno debe de intentar de ser la luz que permita hacer que las cosas funcionen adecuadamente.
Es por ello que escribo esto, para que aquel futuro externo, interno o residente no permita que la incertidumbre que le rodea lo convierta en uno de los tantos clásicos ogros con los que cuenta la red hospitalaria nacional. La sed de conocimiento debe de ser siempre la guía que los lleve a un adecuado trato a sus pacientes, no solo al realizar un adecuado manejo sino en la cortesía y respeto hacia ellos en los servicios y en la emergencia. Deben además vivir las prácticas intentando aprender y enseñar lo mejor posible. Pero la razón principal de esta entrada es como recordatorio de las metas que un día me trace y que no debo desechar… pues me debó de convertir en el médico que siempre soñé a pesar de la incertidumbre que muchas veces me rodea… y esa esa es la certeza que me hará mantener la perspectiva…