Te juro mi vida que lo hago por tu bien. Cuando bajes de peso te voy a comprar toda la ropa y juguetes que querrás ¿si? Ahorita sos demasiado pequeña para entender pero algún día me vas a dar la razón, ya vas a ver. Vas a tener un marido bueno y servicial que te quiera y te lleve a conocer el mundo. No como el tacaño de tu papá que cuando vio que envejecí se fue a meter con cuanta mujer se le puso en frente. Ahí vas a ver mijita yo me voy asegurar que seas feliz.
Sus imaginarias pezuñas cambiaban los canales lentamente. Las vacaciones cumplían los criterios del ocio acostumbrado a su edad. En el aire fluía una tranquilidad producto del trabajo de ambos padres. Las novelas televisivas se convirtieron en su adicción. En cuestión de un mes llegó a ver hasta cinco al mismo tiempo. Las imágenes que mostraba la pantalla consiguieron distraerle del tortuoso matrimonio de sus papás y le demostraron las perfectas relaciones que las personas atractivas lograban alcanzar.
Si dejaras a un lado tus traumas de infancia te darías cuenta del daño que le haces. No te fijas que así nunca va ser feliz. Ella se siente bien como es. Yo no te digo que no pueda ser una niña pero que no sea una gorda. Va crecer para convertirse en una vieja solterona. Más adelante cuando crezca si miramos que todavía esta así la pones a dieta, ahorita apenas tiene cuatro años. Se va convertir en una inadaptada social que ningún hombre va llegar a querer. Deja de decir idioteces que ella nos puede escuchar. Ha de estar oyendo ahorita detrás de la puerta.
El inicio de su pubertad suscito un problema desde el punto de vista estratégico pues nunca considero en todas sus bodas imaginarias que llegaría a tener tanta cadera y tan pequeños pechos. Al final de la adolescencia había logrado acoplar las nuevas dimensiones con las fantasías planeadas durante su infancia. El caballero galán que había de hacerle realidad todos sus sueños y le proveería de todos los requerimientos necesarios para hacerla feliz aún no había llegado.
Siento el agua acariciar mi piel, me abraza suavemente sin pedir nada a cambio. No más dietas, no más ejercicios estúpidos. Por ahora ya no tengo que lidiar con sus tontas discusiones ni soportar sus insistentes críticas. Salgo de la piscina y veo a mi instructora, me observa con mirada inquisidora. Dice que estoy demasiado gorda para el traje de baño, que le va hablar a mi mami para que me compre uno extra grande. Lagrimas lastiman mis mejillas, la incertidumbre regresa, el dolor carcome mi pecho. Soledad y tristeza invaden mi refugio sagrado.
Los engaños y manipulaciones de sus ex-novios la habían convertido en una perfecta arpía. Superficial, clasista y manipuladora. Con cada decepción una nueva dieta o aerobic. Su cuerpo se convirtió en su altar; su ego se elevo hasta sufrir de irritantes delirios de grandeza. Durante esos años encontró al hombre que tomaría como esposo. Bien parecido, millonario y heredero de las empresas del padre.
Mira quiero que en este mismo momento te pongas a dieta. Yo no voy a estar llevando a la casa a una mujer que sea más gorda que mi mamá y mi hermana. No te da vergüenza salir a la calle enseñando toda la grasa que te desborda del pantalón como intentando saludar a todo el mundo. Ese vestido no se te mira bien. Deja de usar la ropa de niñita consentida. No me interesa saber sobre tus muñequitos vos calladita la boca que así te miras más bonita.
No puedo creer que haya aumentado tantas libras… estoy gorda. – decía mientras intentaba simular una lonja al presionar los pellejos de su abdomen. El espejismo que observaba reflejado se le hacía repugnante, intolerante y la causa principal de su infelicidad. Las palabras de sus conocidos las sentía provenientes del indulto de años de amistad, nacidas de la lástima que provocaba su repulsivo peso. -No me mintas, un helado no es un almuerzo… tenés que comer más.- le decía su marido todo el tiempo. Su insatisfacción corporal acosaba sus pensamientos constantemente. Contrario a la imagen de sus hijos aborrecía la creación divina aun habiendo sido víctima de las pinceladas del hombre.
Con ese cuerpito de mamacita que se anda echando yo me caso con ella. Mira que buena esta esa chava. Un mi culito así me voy a conseguir. A esa cocha hijueputa nadie la quiere. Que gran panza la que tiene esa pisada. Preciosas están esas chiches… para chuparse los dedos. Con esa cerda pisada no quiero nada. Me toco bailar con la fea para que este cerote se conectara a la buena.
Asesinaba su tediosa vida despilfarrando dinero en cirugías cosméticas. Después de muchos intentos se graduó de licenciada e inicio a trabajar en la empresa de su suegro. Al embarazarse de su primera niña se negó a tomar las prenatales por creer que engordaban. No quiso tener al bebe por parto normal y consultó con varios obstetras hasta encontrar al que estuviera dispuesto a hacerle la cesárea cuando el bebe estuviera prematuro y así lograr que la incisión fuera más pequeña. Conforme pasaron los años sus prioridades cambiaron y decidió que lo único importante en su existencia sería moldear a su hija para convertirla en tan afortunada como ella. Al poco tiempo nacieron dos pequeños que aprendieron a exigir como su madre y a ver a las mujeres como un objeto que les pertenecía y mostraban como trofeo.
Atrás quedaron los juegos de infancia bajo el régimen de la presión social. Asentados estarán los rencores de adolescencia. Ella evolucionará… crecerá y conquistará… se reproducirá, esparcirá y morirá. Los estúpidos maltratos machistas se coinvertirán en parte de su vida cotidiana. Ademanes, espejismos, convencionalismos… necedad colectiva. Al final los círculos viciosos podrán ser mostrados en funciones de teatro a las que nadie ha de llegar.