Él firmó la hoja en la que se leía “abdomen agudo”, le dijeron que la iban a operar cuando hubiera disponibilidad de sala pero él no lograba entender nada. Sintió un poco de alivio pues pensaba que ahora que los médicos ya sabían que tenía su esposa, las cosas iban a mejorar. Su única molestia era que no le aliviaban el dolor. Trataba de detener a cualquiera para que lo ayudara a resolver sus dudas pero lo único que logró fue que lo echaran de nuevo a la reja. Sentía que reventaba por dentro, nunca había aborrecido tanto su pobreza como en ese momento, estaba seguro que si estuvieran en uno de esos hospitalitos a donde va la gente de dinero no lo hubieran tratado así. Cuando estuvo a punto de llevársela, recordó que el poco dinero que tenía se lo había dado a la ingrata de su vecina para que cuidara a las niñas.
Se encontraba solo, su vecino había partido horas antes. El frío de madrugada era tan fuerte que una leve neblina cubría todas las calles y de las bocas se exhalaba un pequeño vapor. Recordó que noches como esa hacían que valiera la pena tener una sola cama en la que la cercanía de los cuerpos hiciera que durmieran tranquilamente. Pensaba en sus hijas que no tenían la edad suficiente para notar que algo malo estaba sucediendo, no tuvo el coraje para decírselo a la mayor cuando hablaron por teléfono. Se sentía impotente ante la situación, no le quedaba más que esperar y tener la esperanza que los médicos supieran los que estaban haciendo. Pasadas las horas escuchó por la radio de uno de los policías que una camioneta se había salido de la carretera, varios heridos serían llevados al hospital.
Una a una fueron llegando las ambulancias, algunos bajaban caminando y otros eran llevados en camilla agonizando de dolor. – Es un “busazo” – le dijo uno de los que estaba a su par. Resignado, decidió esperar sentado en la orilla de la banqueta. El sol empezaba a salir y aún no tenía información de su esposa. La gran cantidad de familiares hacia más difícil lograr hablar con los policías pero finalmente consiguió que lo dejaran entrar. La imagen se le hizo caótica, hacía dos horas que habían llegado todos esos heridos y algunos permanecían aún en las bancas esperando a ser atendidos. Los médicos que había visto la mañana anterior continuaban trabajando, sus rostros denotaban un marcado cansancio.
Preguntó por su esposa pero nadie recordaba quien era, estuvo recorriendo la sala de emergencia durante un tiempo cuando decidió ir donde estaba la primera vez que entraron. Encontró a uno de los doctores que los había atendido y le suplicó que lo ayudara. Luego de algunos minutos supo que la trasladaron a un pequeño cuarto dentro de la emergencia debido a la gran cantidad de pacientes. Ella permanecía recostada en una camilla delirando de fiebre. Cuando intentó hablarle no lo reconoció… lo único que decía eran incoherencias, parecía estar falleciendo pero nadie le ponía atención. Suplicó que alguien le explicara que era lo que estaba pasando. Él le tomaba el brazo y le besaba lentamente la mano – Te amo con todas mis fuerza, sé fuerte… te amo… no te rindás… todo va estar bien –. Salió del sitio donde se encontraba y ahora no suplicó, ni utilizó la típica actitud chapina de aceptar las cosas con la cabeza agachada, ella era su esposa y algo se tenía que hacer. Al observar que seguía siendo ignorado empezó a gritar a media emergencia exigiendo respuestas.
Unos médicos aglomerados alrededor de lo que parecía ser su jefe hacían un recorrido por la sala. Con bata blanca, corbata y una mirada molesta llena de seriedad se acercó a él – Esto es una emergencia señor, así que me disculpa pero si quiere gritar lo puede ir a hacer al mercado, ahorita mismo se me calla o lo hago echar de este hospital –. Respiró profundo, intentó mantener la calma y escoger con sabiduría sus próximas palabras. – Disculpe doctor, no me venga a decir lo que puedo o no hacer, si su esposa se estuviera muriendo en una camilla mientras ustedes hacen micadas estoy seguro que estuviera haciendo lo mismo, puedo ser pobre pero no idiota y estoy seguro que mi mujer debe ser operada inmediatamente –.
Al poco tiempo su esposa ya se encontraba en sala de operaciones, todos parecían atenderlo ahora de forma extremadamente cordial y condescendiente. Con la misma expresión con la que lo había visto a él, observaba como el jefe de los médicos les hablaba a los residentes. Logro escuchar que decía algo sobre la importancia de priorizar las cosas, les dijo que el colectivo no era excusa para la forma que habían actuado y que no le importaba que tan cansados o con hambre estuvieran. Cuando la conversación se tornó demasiado técnica no logró entender lo que decía por lo que perdió el interés.
Antes de que fuera a sala de operaciones alguien vestido con una especie de gris le explicó que su esposa probablemente padecía de algo llamado apendicitis y que no podían estar seguros de que era hasta que la estuvieran operando. – Le prometo que haremos todo lo posible para ayudar a su esposa, pero por lo grave que se encuentra no le puedo dar garantía de nada, uno de los residentes de último año realizará la operación –. Un resentimiento nació por dentro al escuchar esas palabras, si tan solo las hubiera escuchado la mañana anterior las cosa serían distintas y su esposa estuviera bien.
El cirujano tomo el bisturí….
Nada como la visita de la ciru……..paciente masculino…….nada por cirugía…….con buena evolución……..”vós y ese quién era????”……..residente de último año, a mi no me engañan: TIRITO DE R1, pero R1 mamón y bien portado……..y como fijo ya estaba perforada a ver en que termina la doñita……
R3 claro… lapa para la perforada…