Una perdición inadmisible hacia la rutina me hace deslizarme hacia regiones incógnitas de mi subconsciente, los días pasan y me veo envuelto en una espiral que no parece tener sentido. Me siento en el limbo, en un espacio en el tiempo en el que no pertenezco a nada ni a nadie… o al menos eso quisiera. Los caminos eran más claros y directos hace algunos años pero ahora las disyuntivas son tan diversas que realmente no se que hacer. Pararme frente a un abismo infinito lleno de campos verdes, cerrar los ojos y sentir el pesado pasar de los años.
Contemplar lo prohibido y derrocharme dentro de sueños perdidos y realidades inalcanzables. Concebir una idea y realizarla sin miedo a las consecuencias, sin miedo a las críticas, sin miedo a lo que pueda o no alterar el curso que ha sido decidido. Separarme de toca vinculación terrenal y sentir de nuevo el sentimiento de grandeza que tímidamente deja asomar su cabeza. En vano ha sido toda búsqueda sino es capaz de encontrar un objetivo, en vano es todo esfuerzo si no es capaz de sacar provecho de la situación.
Detener un momento el carrusel redundante y recordar los errores cometidos, recordar las aventuras de infancia y las estupideces de adolescencia, recordar que no solo soy uno sino un colectivo de recuerdos. Las mascaras aprendidas durante un largo tramo salen a colación solo en los momentos adecuados, distintos paradigmas despreciados durante mi vida son dejados atrás, distintos esfuerzos por no regresar a lo mismo. Aventurarme hacia caminos nunca antes tomados, encontrarme solo en medio del mar sin miedo, sin rencor, sin atadura y sin este vacío que a veces no me permite retomar la senda adecuada.
Ser capaz de moverme dentro de mis distintos “yo”… ser el solitario melancólico, el amigo consolador, el alero incondicional, el amante irremediable, el inquebrantable metalero y el arduo lector. Conocerme más sin miedo a actuar, ser capaz de salir de este limbo, de esta disyuntiva, entregarme a los sueños, a las ideas, completar la búsqueda, romper paradigmas… amar la vida sin reparo para luego perderme en mi verdadero subconciente.