Comprender la vida del estudiante de medicina en su etapa como externo puede ser muy difícil para aquel que vive afuera de nuestra estratosfera. Vivir en carne propia experiencias como el ventilar durante 3 horas seguidas (hoy me toco en el turno), entrar a sala a las 3 AM y salir a las 8 AM para luego ir al servicio a terminar la visita y curar, escuchar los gritos de cuatro señoras a las 4 AM en la labor y parto o atender a una cantidad exagerada de borrachos mal educados o señoras que lo único que hacen es demandar que se les ponga suero en la emergencia de adultos es algo que, definitivamente, no tiene precio. Todo eso es parte de la experiencia de ser externo, sacrificios que deben de ser llevados a cabo para poder llegar a la meta que nos trazamos hace varios años.
¿Vale la pena? Definitivamente que SI, en ocasiones pude llegar a ser desesperante, agobiante, aburrido y decepcionante. Pero cuando algún niño te sonríe, cuando una señora te da las gracias por haber atendido a su recién nacido, cuando un anciano te da la mano agradeciendo la receta y la atención que le acabas de dar, cuando hallas cura a los males que han aquejado a las personas por años o cuando apaciguas el dolor de alguien mediante algo de consuelo, son momentos en los que te das cuenta de lo hermosa que puede llegar a ser tu carrera.
Por supuesto que hay ocasiones en los que no son los pacientes los que te desesperan, a veces son situaciones afuera de nuestro control. Un buen ejemplo es la falta de gases que hubo durante estos días, situación que ya ha sido corregida. Otras veces son personas las que llevan tu paciencia hasta los limites, un residente que no tenga educación cuando te pide un favor, un interno que no sabe lo que hace, un compañero externo que no hace más que no hacer nada o alguna que otra enfermera mala taza.
Una de las mejores maneras de sobrellevar todo es encontrar una especie de consuelo con aquellos compañeros con los que te llevas bien, tus verdaderos compañeros de trinchera, aquellos en los que puedes confiar. Todo aquello que vale la pena requiere cierto grado de sacrificio y nada que obtienes con demasiada facilidad lo llegas a realmente apreciar, nuestra carrera es una de las más hermosas que existe, pero es importante no perderse entre la maldad observada en ocasiones en el hospital y vivir nuestra vida acorde a nuestros principios y llenos de felicidad. Me despido saludando a todo aquel que lea esto y espero saber de ustedes pronto, se me cuidan.